Somos un taller familiar de textiles para el hogar. Esta es la historia de cómo un cuarto de costura se convirtió en El Castillo.
El Castillo nació en un taller pequeño, cosiendo cubrelechos para vecinos y familia. Con el tiempo, esas primeras piezas se convirtieron en una colección completa de sábanas, juegos de cama y almohadas, siempre con la misma idea: telas suaves y costuras que aguanten años de uso.
Hoy seguimos trabajando con el mismo taller, los mismos proveedores de tela y la misma obsesión por los detalles que nadie ve pero todos sienten.

Tres cosas que no negociamos.
Elegimos algodón percal, lino y matelassé por cómo se sienten en la piel, no solo por cómo se ven en foto.
Cada pieza pasa por control de costura antes de salir del taller. Si no dura, no sale.
Los bordados de nuestras ediciones limitadas los hace el mismo taller, puntada por puntada.